MI VIAJE A LOS PICOS HUMBOLDT Y BOLIVAR

Uno de los viajes que más recuerdo es el que hice a los picos Humboldt y Bolívar en el parque nacional de La Sierra Nevada en el estado Mérida. Para mí fue un viaje de extremo desafío a nivel físico y fotográfico. 

Recuerdo haberlo planificado con un grupo de amigos en diciembre de 2017. Por cosas de la vida, terminamos haciendo el viaje a principios de febrero de 2019 (más de un año después).

Este viaje de trekking no es para todo el mundo ya que requiere un nivel físico de resistencia bastante alto. Me recuerdo haber empezado a entrenar con mucho peso unas dos semanas antes del viaje. Entrenaba en el hotel Maracay y en el cerro Palmarito. Con el equipo fotográfico calculaba que llevaría alrededor de 16-21 kilos conmigo.

Nuestro viaje empezó en Mucuchie dos días antes para aclimatarnos y evitar el mal de páramo.

Llegando a Mérida nos encontramos con el guía para verificar que todo lo que llevábamos con nosotros fuese lo necesario.

Al día siguiente, salimos a las 6 de la mañana listos para empezar. Nos recogió un taxi y fuimos a desayunar pastelitos andinos. Justo cuando íbamos en el taxi, me entró ese sentimiento de nervios, exactamente lo que sientes cuando vas a emprender un viaje de aventura, en donde estarás incomunicado por varios días, consciente de que todo puede pasar.

Para poder acceder a las rutas que llevan a las cumbres del pico Bolívar y del pico Humboldt, se requiere de un permiso otorgado por los guardias que están en la Mucuy (justo antes de empezar el trayecto hacia arriba). Recuerdo haber estado bastante nervioso por la posibilidad de que los guardias revisaran mi bolso ya que los drones no están permitidos en Venezuela. Por suerte, no fue así y nos dieron el permiso a las 9am.

Empezamos nuestra caminata hacia la Laguna de la Coromoto. Escalamos y subimos senderos de tierra durante casi 9 horas hasta llegar a la laguna. La temperatura estaba en 5 grados centígrados. A pesar del frío, estábamos impactados con la belleza del lugar. Nos tomamos una sopa Maggi y acampamos. 

Al día siguiente, nos levantamos a las 6 de la mañana para seguir con nuestro trayecto. Empezamos la subida hacia la Laguna Verde que está formada por el glaciar del Pico Humboldt. Nos tardamos aproximadamente 10 horas en llegar a la laguna, sin encontrarnos con nadie en el camino. Armamos el campamento y descansamos. Al siguiente día decidimos quedarnos y disfrutar del impresionante paisaje, tomar fotos y bañarnos en la laguna. 

Al próximo día, empezamos nuestro ascenso a las 4 de la mañana hacia el pico Humboldt de unos 4,990 metros de altura.  Hay un tramo llamado El Arenero, el cual es muy visual a la hora de afrontarlo. De manera que al dar dos pasos retrocedes uno. La idea de nuestro guía era de comenzar con el trayecto más temprano de lo usual para que cuando pasáramos por El Arenero no hubiese luz del día para verlo. Dos horas después, logramos pasarlo.

Seguimos subiendo y nos encontramos en un trayecto de mucha piedra y hielo sólido. Como no pudimos traer crampones, que son las botas con puyas para escalar mejor, nos caíamos y resbalábamos con frecuencia. Los dos guías del grupo, nos ayudaron a subir poco a poco. Mientras uno subía, el otro permanecía atrás con nosotros. Lograron hacer un paso de cuerda que nos permitió subir. Este tramo duró 4 horas. Una vez terminado, recuerdo pensábamos que lo más difícil había pasado, pero no era así. El secreto está en la mente.

Luego llegamos a una llanura, caminamos hacia el pico Humboldt y empezamos el acenso por un costado de piedra. Este tramo fue bastante difícil, no por agotamiento sino por temor a caerte o a resbalarte. Empezamos a escalar sin cuerda, pero con mucha precaución. Terminamos haciendo cumbre al medio día. Yo fui uno de los últimos. Nuestra primera comida de ese día fue maní. Disfrutamos del panorama, tomé varias fotos y descansamos un par de horas.

Poco después, empezamos a bajar por un sitio que se llama El Tobogán Rojo. Es una piedra alta y peligrosa, muy parecida a un tobogán. En nuestro descenso para llegar al campamento de La Laguna Verde, nos perdimos y terminamos bajando por otro lado que nos tomó unas 3 horas más de caminata. Tanto el acenso, como el descenso al Pico Humboldt, fueron un reto para nosotros.

Al día siguiente caminamos hacia el campamento base del pico Bolívar. Aunque estuviésemos cansados ya estábamos climatizados cosa que jugaba a nuestro favor. Ya sabíamos cómo respirar, como movernos y estábamos felices de haber hecho nuestra primera cumbre.

A la mañana siguiente, desayunamos con calma y empezamos nuestra caminata a las 9am. Para llegar al Pico Bolívar, tienes que atravesar el Chomajoma. Un arenero compuesto de piedra resbalosa que se debe pasar con extremo cuidado para no tirarle piedras a tus compañeros. Una de las partes más difíciles del viaje, tomando en cuenta el peso que llevábamos.

Lo más delicado de una excursión como esta es el agua. Consumes mucha agua porque te deshidratas, pero no puedes consumir tanta porque te perjudica en tu rendimiento físico.

Durante todo nuestro acenso, pudimos recargar agua en 3 sitios claves. Después del Chomajoma, llegamos agotados al campamento Albornoz, campamento base del pico Bolívar. Aunque estábamos felices de haber llegado, lo primero que hicimos fue buscar agua en La Laguna del Timoncito que se encuentra a poca distancia del campamento.

Al día siguiente, nos levantamos a las 5 de la mañana para empezar nuestra subida hacia el Pico Bolívar, cuyo ascenso es bastante rápido, pero mucho más difícil y extremo. El guía nos explicó cómo usar las cuerdas y los arneses para la subida. Logramos hacer cumbre en el Bolívar a las 11 y de inmediato prendimos nuestros teléfonos para comunicarnos con nuestras familias. Siendo una escalada tan técnica, cuando haces cumbre y aprecias la vista terminas siendo mucho más gratificante. 

Bajar también tiene su dificultad. Nosotros descendimos con los arneses y me recuerdo que nos resbalamos.  Hay pasos donde no puedes colgar el arnés y debes pasar agarrándote de las piedras.

Ese mismo día llegamos al Campamento del Timoncito y decidimos irnos de una vez al teleférico. Nuestra idea inicial era subir por la Mucuy (parque nacional, desde más abajo) y después bajar por el teleférico para llegar a la Estación Loma Redonda. Para que no se nos hiciera tarde, recogimos todo muy rápido y se nos pasó llenar los termos de agua. Terminó siendo uno de los días más fuertes por la sed y la deshidratación que teníamos. Fatigado, con estrés y muchas ganas de llegar, me quedé atrás. Sentía que las rodillas me fallaban y el peso generaba un ardor en mi espalda. Recuerdo que hasta nuestro guía se cayó y tuvimos que parar un rato.

 Pasamos la estación del Pico Espejo que no estaba funcionando y seguimos, llegando finalmente a la estación donde agarraríamos el teleférico. Ahí conseguimos agua, nos cepillamos los dientes, nos lavamos la cara y descansamos. Finalmente, habíamos regresado a la civilización, un día antes de lo esperado. 

El último día nos levantamos y recogimos, y a las 10 de la mañana empezamos el descenso por el teleférico hacia Mérida. Llegando en la Estación Barinitas, había un restaurante en donde nos comimos el mejor pabellón criollo y brindamos con unas merecidas cervezas.

A pesar de haber sido un reto para mí, fue una de las experiencias más gratificantes y placenteras que he vivido. 

Como fotógrafo es muy motivante hacer un esfuerzo para llegar a un sitio remoto en donde sabes que podrás tomar fotos increíbles y conseguir la foto que buscas o la que llamamos “la foto perfecta” y despertarte muy temprano para conseguir la luz que quieres.

Fue verdaderamente desafiante llevar tanto peso en el trayecto. No solo llevaba comida, sino que también todo mi equipo fotográfico. Equipo que incluía baterías extra, cámara de mano con dos o tres lentes más y un trípode para poder hacer fotos nocturnas.

Una de mis fotos preferidas de este viaje la capturé a las 11 de la mañana en el Pico Humboldt. Cuando estas en el Humboldt no te sientes en Venezuela por su extrañeza. Con esto quiero decir que no es el mismo paisaje que estamos tan acostumbrados a ver.

 Otra de mis fotos favoritas fue la de La Cordillera de los Andes a plena noche, con mucho frío, con la luz de las estrellas y en donde se aprecia la vía láctea. Esta foto fue tomada con un trípode.

A pesar de los inconvenientes como el frío y la fatiga, me hace feliz poder hacer mi trabajo y mostrarle al mundo lo bella que es Venezuela.

1 comment

  • Yes
    http://tairishudutnamez.ml/chk/29

    Elenkasix

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